Operación "León marino"

Inglaterra entra en la contienda

  

Los alemanes habían planeado una guerra europea que ganaron al rendirse Francia. Es razonable creer que Hitler pensó que, después del armisticio francés y el angustioso reembarque de Dunkerque, Inglaterra se desentendería de los asuntos continentales y le dejaría las manos libres para atacar a la URSS, que tanto incomodaba a los conservadores británicos. Pero no fue así y el Gobierno de Londres rechazó cualquier trato y manifestó que continuaría la guerra utilizando los recursos del Imperio. Los alemanes se vieron así inmersos en un conflicto mundial para el que no se habían preparado.

Sin embargo, durante un tiempo, la guerra fue solamente europea y estuvo presidida por la posibilidad de un desembarco alemán en Gran Bretaña, cuya población mostraba una gran moral de resistencia. Churchill, primer ministro desde mayo, dijo entonces: "Lucharemos en las playas, lucharemos en los lugares de aterrizaje, lucharemos en los campos y las calles, lucharemos en las montañas. Jamás nos rendiremos".

El Ejército y la aviación alemanas estaban en plena forma, pero no la Marina, que había sido bastante dañada por los ingleses durante la campaña de Escandinavia. El Ejército británico estaba quebrantado desde el desastre de Francia, contaba con sólo 500 cañones y 200 carros para los 300.000 soldados, que fueron rápidamente incrementados con la Home Guard. La RAF estaba en buen estado y contaba con un programa de construcciones capaz de superar el déficit respecto a Alemania. La Royal Navy era más que suficiente para desbaratar cualquier intento de invasión y organizó la Auxiliary Patrol que vigilaba directamente las costas, y la Striking Force de 36 destructores, destinados a asestar el primer golpe mientras el núcleo principal, la poderosa Home Fleet, se organizaba para presentar batalla.

Hitler, confiado en alcanzar un pacto con el Gobierno de Londres, hasta el 2 de julio de 1940 no ordenó preparar un plan de invasión, la Operación León Marino, prevista para mediados de agosto y organizada en dos oleadas sucesivas sobre cuatro playas entre Folkestone y Selsey. Las 3.500 embarcaciones de todo tipo que se consideraban necesarias no podían reunirse en tan escaso tiempo, con el problema añadido de que las tropas carecían de instrucción para el transporte marítimo y operaciones de desembarco. Los generales desconfiaban de la capacidad de su propia marina y aviación para garantizar la travesía en el momento en que la Royal Navy atacara los convoyes. Los almirantes hacían ver la imposibilidad de cruzar el Canal sin tener superioridad aérea y, en cambio, Goering aseguraba que la Lufwaffe estaba en condiciones de contrarrestrar a la Royal Navy y de ahuyentar a la RAF. Los altos mandos de la Marina y el Ejército insistieron en efectuar una ofensiva aérea preliminar, a fin de comprobar que la superioridad alemana era cierta. León Marino, prevista para el 3 de septiembre, se aplazó hasta el 29 y luego quedó en espera de los resultados que obtuviera la aviación.

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