La guerra fino-soviética

la erra fiino-sovietica

La URSS, que ya ocupaba Estonia, Letonia y Lituania, exigió a Finlandia la entrega de territorios e instalaciones militares para establecer sus propias bases en el Báltico. En 1932 se había firmado un acuerdo de no agresión finosoviético que Stalin denunció cuando el Gobierno de Helsinki rechazó sus peticiones. Sin previo aviso, el 30 de noviembre de 1939, las tropas soviéticas cruzaron la frontera finesa y marcharon hacia la línea Mannerheim, un sistema fortificado de 250 kilómetros, situado frente a la frontera rusa, en el istmo de Carelia. En Europa se desató una campaña de simpatía hacia la Finlandia agredida y, el 14 de diciembre, la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones, mientras Alemania guardaba silencio.
Sin embargo, las tropas soviéticas fracasaban, acosadas por las guerrillas finlandesas, que aprovecharon su familiaridad con el invierno ártico para atascar a 30.000 soldados enemigos, sin que pudiera modificar la situación el bombardeo de Helsinki. El Ejército soviético era una masa mal organizada, con mandos desmoralizados por las purgas de 1937 y, llegado diciembre, ya había movilizado 30 divisiones sin lograr modificar la situación en su favor. El día 10 de diciembre fracasó en su primer ataque contra la línea Mannerheim y, entre el 19 y el 22, llevó a cabo un segundo intento con igual resultado. A 50 grados bajo cero, los finlandeses cobraron ánimos, contraatacaron y, utilizando todos los medios y técnicas para moverse en la nieve, cayeron sobre los soviéticos, derrotándolos en Soumussalmi entre el 31 de diciembre y el 8 de enero.
La prensa occidental celebró la noticia pero Stalin no pensaba renunciar: había formado, en Terijolki, un llamado Gobierno popular finlandés y envió otros 600.000 soldados al frente. Los finlandeses no podían contener tal avalancha y, el 1 de febrero, perdieron la primera posición de la línea Mannerheim. Entre el 10 y 18, los soviéticos rompieron el frente y lanzaron paracaidistas a retaguardia. El mariscal Mannerheim se retiró hacia Viipuri, que cayó el 2 de marzo.
Alarmadas, Gran Bretaña y Francia habían enviado tropas a Noruega, a fin de evitar el avance soviético y bloquear el envío de mineral de hierro sueco hacia Alemania. Ante su presencia, Stalin suspendió la ofensiva de Finlandia, a fin de aprovechar las ventajas obtenidas sin enfrentarse con los aliados. La paz de Moscú, del 12 de marzo, concedió a la URSS el puesto militar de Hangö y las islas Aland, importantes posiciones en el Báltico, así como el derecho de paso por el territorio de Petsamo.
Tras los hechos de los últimos meses, los Estados Mayores aliados concluyeron que la Blitzkrieg no constituía una auténtica guerra, sino una operación irregular capaz de arrollar fuerzas anticuadas aunque inútil ante un Ejército potente; que la URSS era una débil potencia militar con un Ejército primitivo y desordenado; y que la línea Mannerheim, trazada por ingenieros belgas, había demostrado su eficacia. En consecuencia, el alto mando francés dedujo que su línea Maginot resultaba una defensa adecuada; por su parte el Estado Mayor alemán concluyó que la eficacia de la Blitzkrieg y la incompetencia militar soviética auguraban una fácil invasión de la URSS.
Noruega comerciaba con ingleses y alemanes y Suecia vendía a éstos abundante mineral de hierro, vital para su industria de armamento. Los cargamentos navegaban hasta Alemania a través del Báltico y, en invierno, cuando el mar se helaba, eran transportados hasta el puerto noruego de Narvik, donde embarcaban con destino a Alemania. Alarmados por la guerra de Finlandia, los británicos planearon ocupar Noruega y cortar la ruta del hierro sueco. Los alemanes planeaban la misma invasión a fin de adelantarse a los ingleses y, en caso de conflicto, utilizar la península escandinava como plataforma aeronaval para atacar Gran Bretaña. La tensión se crispó en febrero de 1940, cuando el destructor inglés Cossack abordó en aguas noruegas al buque Altmark, auxiliar del acorazado corsario Admiral Graf Spee, que se dirigía a Alemania con 300 prisioneros británicos a bordo.
En marzo, mientras los ingleses retrasaban su prevista ocupación de Noruega, los alemanes ultimaron su plan, apoyado por la conspiración de Vidkun Quisling, militar noruego fundador del partido fascista Nasjonal Samling. Al amanecer del 9 de abril, una vanguardia alemana de 2.000 hombres y un batallón de paracaidistas inició la operación, que totalizaría 3 divisiones, 10 cruceros, 14 destructores, 28 submarinos, buques auxiliares, 800 aviones de combate y 250 de transporte que atacaron Narvik, Trondheim, Bergen, Kristiansand, Oslo y Egersund. El empleo masivo de la aviación desconcertó a los noruegos, cuyas tropas no habían sido movilizadas, aunque algunas baterías de costa y buques de guerra resistieron hasta ser destruidos. El rey Haakon VII, el Gobierno y el Parlamento abandonaron Oslo para instalarse en Hamra; Quisling se autoproclamó primer ministro y el monarca rechazó la propuesta del embajador alemán de reconocerlo. Dinamarca fue ocupada en pocas horas y sin resistencia.
El plan británico estaba listo pero fue pospuesto ante la invasión. A partir del 10 de abril, los británicos llevaron a cabo acciones contra la flota alemana y algunos desembarcos de tropa, sin artillería ni blindados, que debió replegarse, machacada por la Luftwaffe. El 14 de abril, un desembarco inglés recuperó Narvik, a donde llegaron después el rey Haakon y su Gobierno, en el crucero británico Glasgow, así como 25.000 soldados ingleses, noruegos, polacos y dos batallones de la Légion Etrangere francesa, que combatieron contra los alemanes hasta que se produjo la invasión de Francia. El 7 de junio, el crucero Devonshire, con el rey y el gabinete zarpó hacia Londres, donde se constituyó el Gobierno noruego en el exilio. El 12 se rindieron las últimas tropas aliadas de Narvik y, el 15, los alemanes sustituyeron a Quisling por un consejo de seis personalidades noruegas. El 24, Hitler nombró Comisario del Reich al nazi Joseph Terboven.
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