La guerra en el Mediterráneo

 

Cuando comenzó la guerra, el Mediterráneo era un mar dominado por tres potencias: Gran Bretaña, desde Egipto, controla el Mediterráneo Oriental, Italia, el centro del Mare Nostrum y Francia, la zona occidental. Tras la derrota de Francia quedaba en el aire la incógnita de la valía real de la escuadra italiana.

De momento, cuando todo estaba a su favor, la falta de planes italianos para una guerra impidió a sus militares ver la conveniencia de la inmediata toma de Malta, que apenas contaba con guarnición (un batallón de infantería por cada 30 kilómetros de costa), que no disponía de defensa aérea ni antiaérea significativa y que apenas hubiera podido contar con el apoyo de la flota ante una decidida ofensiva italiana.

Pasado el verano, ya nada seria igual. Malta fue reforzada y se convirtió en una agresiva fortaleza capaz de defenderse y de atacar y, sobre toda, en una formidable base intermedia entre las dos bocas del Mediterráneo dominadas por Gran Bretaña: Gibraltar y Egipto.

Evidentemente, Londres no se planteó seriamente nunca la posibilidad de una invasión alemana de las islas. La mejor demostración de esto es que reforzó poderosamente sus medios navales de combate en el Mediterráneo, en vez de retirar hacía las costas del Canal las que allí tenia. Londres se garantizó en todo momento una flota superior a la italiana en potencia de fuego y, además, dotó a sus grupos de combate de uno o dos portaaviones, con los que contrarrestar la teórica superioridad italiana en medios aéreos con base en sus aeropuertos de tierra, casi siempre próximos a los escenarios de combate.

!Qué fatuas sonaban en el otoño de 1940 las baladronadas de Mussolini! El Duce decía pocos años antes, cuando rechazaba el plan de construir portaaviones,"¿para qué los queremos? ¡Italia es un gran portaaviones anclado en el centro del Mediterráneo!" Pues bien, la falta de portaaviones, la mala organización militar, la descoordinación entre marina y aviación convirtieron a la gran flota italiana en poco más que un objeto decorativo que había que cuidar constantemente para que no fuera mandada a pique.

En efecto: la flota británica metió cuantos convoyes quiso en el Mediterráneo y los hizo pasar desde Gibraltar a Alejandría con pérdidas mínimas, reforzó Malta, acudió en ayuda de Grecia, causó graves pérdidas a los convoyes italianos que suministraban al ejército de África y, de paso, humillaron a los italianos en cuantos encuentros tuvieron, atreviéndose a golpear a la Supermarina incluso en sus bases.

Las cosas comenzaron a quedar claras desde el primer choque importante, que tuvo lugar en Punta Stilo el 9 de julio de 1940. Con fuerzas parejas se enfrentaron británicos e italianos; resultó tocado el acorazado Giulio Cesare, nave insignia del almirante Campioni, que ordenó la retirada. Le persiguieron los navíos del almirante Cunningham hasta 40 kilómetros de la costa italiana... cuando quisieron enterarse en Roma, lanzaron contra los británicos a la aviación, que con más de un millar de bombas sólo logró un ligero blanco.

Los marinos italianos se alegraron de la mala puntería de sus aviadores, pues la preparación de los pilotos era tan mala que parte del ataque lo realizaron contra sus propios buques. El Conde Ciano escribía en su diario "La verdadera polémica en materia naval no se produce entre los británicos y nosotros, sino entre nuestra Marina y nuestra Aviación".

Cuando Italia atacó a Grecia, demostrando una vez más su ínfima preparación para la guerra, la marina tuvo que cumplir la dura tarea de suministrar a buena parte del ejército expedicionario y lo hizo con notable eficacia, pera sufrió en aquellas negras fechas un duro y humillante descalabro. El 11 de noviembre, a 170 millas de la gran base naval de Tarento, donde se hallaban fondeados 6 acorazados y 3 cruceros pesados, el portaaviones Illustrious puso en el aire 20 aviones Swordfish -lentos biplanos próximos a su jubilación- contra la flota italiana. Más de 500 cañones y ametralladoras antiaéreos no fueron capaces de rechazar a los británicos, que lanzaron sus torpedos y consiguieron 6 blancos: el acorazado Cavour nunca volvió al mar, el Duilio y el Littorio estuvieron 6 meses en reparación. Dos Swordfish no regresaron al Illustrious.

Ante los descalabros italianos en Grecia, África y el mar, Hitler decidió intervenir en el Mediterráneo. Envió a Sicilia unos 400 aviones (reconocimiento, caza y bombardeo en picado) al mando del general Geisler, cuya primera intervención, los días 10 y 11 de enero, consiguió averiar gravemente al Illustrious -que tuvo que entrar en grada y estuvo inactivo medio año- y hundir al crucero Southampton.

El golpe afectó a !os británicos, que suspendieron sus convoyes por el Mediterráneo hasta el 6 de mayo. En los meses siguientes se convertiría en critica la situación de Malta, sometida a fuertes bombardeos y privada de suministros. Simultáneamente, mejorarían las comunicaciones de Italia con África.

Las cosas cambiarían de signo a partir del mes de abril. La aviación de Geisler empleó sus bombarderos y cazas de largo radio de acción (Me-110) en apoyo de Rommel, en África, dando un respiro a Malta y a las comunicaciones británicas. El almirante Cunningham reforzó la marina de la isla con 4 modernos destructores, que en unión de los submarinos ya establecidos en Malta hundieron 15 mercantes durante la primavera-verano de 1941, poniendo al ejército del Eje en grandes apuros por falta de suministros en África.

No es cuestión en tan somero resumen reseñar aquí las docenas de acciones navales en el Mediterráneo. Sólo hacer constar que la marina italiana se desangró en el apoyo a sus ejércitos en África. Pero fueron solamente sus pequeñas unidades, sus torpederos, submarinos, destructores y lanchas las que hicieron el terrible trabajo y las que sucumbieron causando graves daños a la ilota británica. Los grandes buques fueron un lastre.

Sobre los marinos italianos, sumamente denostados por su derrota en el Mediterráneo, escribió el almirante alemán Friedrich Ruge "La oficialidad era en general buena, tal vez demasiado teórica. Mandaba excelentemente y podía disparar, pero estaba insuficientemente preparada para el combate nocturno y, en parte, sujeta a las oscilaciones del temperamento latino. La fuerte arma submarina no estaba a la altura debida, ni técnica ni militarmente. En cambio, los medios pequeños de combate eran inesperadamente buenos. Un inconveniente decisivo fue el complejo de inferioridad frente a la flota británica. Un éxito inicial hubiera podido variar esta situación."

Coleccion 100 (c) 2001 Ediciones Dolmen S.L.