El bombardeo de ciudades

 

  

En 1921, el aviador militar italiano Giulio Douhet concitó las iras de sus superiores, al publicar un libro revolucionario, Il dominio dell'arida, donde afirmaba que la aviación futura sería un arma independiente y no un mero auxiliar del Ejército, como había ocurrido en la guerra del 14. Así, los aviones del mañana podrían llevar a cabo lejanos ataques sobre la retaguardia enemiga, cuya moral quebrantarían.

A pesar de la inquina de los generales italianos, Douhet logró algunos seguidores extranjeros y logró ser rehabilitado en su propia patria en 1928. Sus teorías fueron ensayadas por la Legión Condor alemana y la Aviación Legionaria italiana, durante la guerra civil española, cuando llevaron a cabo numerosos bombardeos sobre ciudades de la retaguardia republicana.

El día 7 de septiembre de 1940, la Luftwaffe aplicó esta táctica a la batalla de Inglaterra; a plena luz del día, más de 300 bombarderos escoltados por 648 cazas se dirigieron a Londres, cuya ruta estaba expedita. La primera oleada bombardeó el East End y los muelles, la segunda el centro de la ciudad; murieron 3.000 civiles y 1.300 fueron heridos. Aunque llegaron tarde, los cazas británicos todavía derribaron 41 aviones con 28 pérdidas propias. Durante la noche, guiándose por los incendios de East End, tuvo lugar otro ataque desbastador. Entre tanto, la Operación León Marino parecía a punto de activarse, se habían reunido numerosas barcazas en el Canal y el Gobierno británico temía seriamente el comienzo de la invasión.

El segundo gran ataque diurno sobre Londres tuvo lugar el 9 por la tarde. Esta vez, las escuadrillas de caza británica estaban preparadas y sólo lograron pasar la mitad de los bombarderos alemanes; el mal resultado hizo aplazar, una vez más, la invasión de la Gran Bretaña. Una sucesión de forcejeos, interrumpidos por las treguas que imponía el mal tiempo, desangró Londres durante todo el mes, con graves consecuencias para la población civil y pérdidas muy importantes de los bombarderos alemanes, que fueron abatidos en gran número. El 18, Hitler ordenó que no se concentraran más barcos para la invasión, aplazándola hasta nuevo aviso. Los ataques aéreos obtenían cada vez peores resultados. El 25 y 26 destruyeron algunas fábricas de aviones cerca de Bristol y Southampton, pero el ataque a Londres del 27 fue un fracaso. El día 30 tuvo lugar el último bombardeo diurno sobre la capital; pocos aviones lograron llegar a su objetivo, y se perdieron 47 unidades frente a 20 bajas inglesas.

A principios de noviembre, Goering ordenó sustituir el bombardeo diurno por el nocturno y atacar también con cazabombarderos. Los grandes aviones, que, gracias a la oscuridad volaban más bajo, recibieron mayor carga, aunque la oscuridad disminuyó su precisión. La tercera parte de los Messerschmitts fue equipada con bombas, con poco resultado, porque los pilotos de caza, sin costumbre de bombardear, las dejaban caer un poco en todas partes. Desde noviembre, la aviación alemana se concentró en el bombardeo nocturno de ciudades, industrias y puertos. El día 14 un ataque arrasó Coventry. En noches siguientes, Birmingham, Southampton, Bristol, Plymouth, Liverpool y Londres recibieron castigos durísimos.

Hitler ordenó que los bombardeos nocturnos mantuvieran la intensidad, a fin de neutralizar a los ingleses mientras se preparaba la invasión de Rusia. El 16 de mayo tuvo lugar el último ataque aéreo. Después, el grueso de la Luftwaffe se trasladó al Este para la inmediata invasión de la URRS.

La batalla se había iniciado con 1.350 aviones británicos contra 2.669 alemanes, unos 260 de ellos en picado, es decir, una aviación eminentemente táctica, pensada para apoyar a la infantería durante la blitzkrieg, más que para realizar una misión estratégica, lejana y masiva, como la Batalla de Inglaterra. Durante ella, los alemanes perdieron 1.733 aviones y la RAF, 915. La propaganda de cada bando había contado muchos más.

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